Ramón López Velarde murió el 19 de junio de 1921, deseando tener una casa propia tal como lo manifestó en un escrito de 1913.

“Anhelo algo que no se compadece con la sinceridad de mí pesimismo: la edificación de una casa, de mí casa, una casa en la que hubiera la lumbre del hogar, y el techo propicio y la voz femenina, solícita y suave… una casa como un retiro fragante y silencioso contra cuyos muros vendría a agonizar la agitación bárbara de las multitudes, como las olas que mueren en la arena”.

Nunca la tuvo. Perdida la casa familiar entre la tolvanera revolucionaria, perdido incluso su Jerez (tierra natal) entre las brumas de su “tristeza reaccionaria”.

Cuando Ramón llegó precisamente a la calle de Álvaro Obregón no. 73, antes avenida Jalisco, en la colonia Roma, el inmueble había sido una de las primeras vecindades que se construyeron en la Ciudad de México en el tiempo de don Porfirio Díaz.

A uno de los cuartos de esa vecindad llegó a vivir los últimos años de su vida Ramón López Velarde. Después de los sismos de 1985, el edificio se convirtió en refugio de gente sin hogar y vagabundos.

Ante esa situación, un grupo de intelectuales —quienes no entendían que la última morada del poeta estuviera en ese estado de abandono— le pidieron al Gobierno de la Ciudad de México, Distrito Federal, en esa época dirigido por Manuel Camacho Solís, que rescatara el inmueble y se los cediera para honrar a quien se le considera el padre de la poesía contemporánea.

Cuando el inmueble se rescató, se constituyó como una institución de Asistencia Privada, sin fines de lucro y para apoyar las acciones del gobierno de la ciudad en su programa cultural.

La Casa del Poeta es entonces, sede del Museo Ramón López Velarde, que es el cuarto donde el poeta muere, también sede de las bibliotecas de Salvador Novo y Efraín Huerta, con los acervos personales de estos dos escritores y es, además, un lugar de encuentro para poetas y escritores.

López Velarde, el poeta de México

Su escritura, plena de imágenes y de un lenguaje constantemente renovado, colocó a la poesía de México en la antesala de la vanguardia.

Con él los poetas mexicanos ingresaron a la modernidad literaria. Sus temas son los más íntimos: las mujeres y el cielo de la provincia, “La suave Patria” que Ramón López Velarde tradujo a un lenguaje inédito, poblado de matices, sorpresas y absolutamente siempre, la poesía. Publicó en vida dos libros, La sangre devota (1916) y Zozobra (1919).

Póstumamente aparecieron El son del corazón (1932) y los libros de prosa, El minutero (1923) y Don de febrero y otras prosas (1952), entre otros. José Luis Martínez se encargó de reunir sus escritos públicos: poemas, crónicas, relatos y ensayos en 1971.

Poeta de mitos y enigmas, Ramón López Velarde fue fiel a una de sus máximas. No le interesaba escribir nada que no saliera de la combustión de sus huesos.