Esta célebre película llegó a los cines un 2 de junio de 1989, con el título original “Dead Poets Society” dirigido por Peter Weir, que se ha convertido en una película de culto.

Esta película cuenta con una de las actuaciones más recordadas del fallecido Robin Williams.

El guión está inspirado en un profesor de literatura llamado Samuel Pickering, quien le dio clases al guionista Tom Schulman cuando estudiaba en la academia Montgomery Bell de Tennessee. Fue a partir de él que Schulman concibió al personaje del profesor Keating, interpretado por Robin Williams.

Sobre el director Peter Weir

Peter Weir es un director y guionista de cine Australiano. Estudió Arte y Derecho en la Universidad de Sydney. A partir del año 1967 decide entrar al mundo de la televisión. A partir de esta película, comenzó a ganar experiencia como director cinematográfico. Algunas de sus películas más conocidas son: Picnic at Hanging Rock (1975); Witness (1985); The Truman Show (1998), La sociedad de los poetas muertos (1989) y The Way Back (2010).

La historia comienza en 1959 con el acto de bienvenida del nuevo año escolar en la academia Welton, momento en que es introducido el profesor de literatura John Keating, ex-alumno de la escuela. El lema de la escuela es: «tradición, honor, disciplina y excelencia».

Rompiendo con la tradición, en su primera clase, el profesor lleva a los jóvenes al salón que resguarda las memorias de la historia escolar. Mientras contemplan las fotografías de sus predecesores, susurra: “Carpe Diem”, que quiere decir “Aprovecha el día”. Así, inicia un camino educativo que pretende inspirar a los chicos.

La fundación del club

Algunos jóvenes descubren que Keating había formado un club llamado “la sociedad de los poetas muertos” cuando era estudiante. Inquietos por la idea de vivir intensamente, reanudan la sociedad. Estos jóvenes tienen en común el hecho de que sus familias han planeado su futuro por ellos y buscan apropiarse de su vida nuevamente. Cada uno carga también sus cruces personales.

En la medida en que los jóvenes se atreven a pensar por sí mismos, descubren sus talentos e intereses.

El análisis

La sociedad de los poetas muertos fue una película muy aclamada en su momento. Sin embargo, las posiciones ante ella son realmente polémicas. Mientras que algunos hacen de esta una película de culto, para ciertos críticos no es más que un melodrama bien dirigido y muy bien representado por sus actores.

El conflicto gira en torno a la expectativa social, motor y justificación de los modelos educativos tradicionales y el autoritarismo familiar. En esta expectativa social juega un peso determinante las ideas implícitas de éxito y fracaso, muy arraigadas en la mentalidad de una sociedad masificada, capitalista y pujante, como la de los años 50 en los Estados Unidos. Todavía entonces, el éxito, aunque económico, se relacionaba con el conocimiento adquirido. (Cosa que no ha cambiado tanto desde entonces). En un ambiente académico dominado por la tradición y la disciplina, no será difícil para el profesor Keating encender la pasión en los corazones de los jóvenes que viven a la merced de los planes paternos.

El argumento se construye en torno a la máxima horaciana “Carpe diem”, que quiere decir “Aprovecha el día”. También acudirá a Walt Whitman, convirtiendo su poema a Lincoln «¡Oh, capitán, mi capitán!» en un modo de señalarse a sí mismo como líder de aquellas almas.

El programa de Keating es, claramente, un programa romántico. Las letras se representan como instrumento liberador de la conciencia y en cierto modo, el personaje reivindica su carácter subversivo, incómodo, domesticado por medio de la crítica academicista.

El profesor Keating no representa solo el valor para expresar el juicio propio. Él representa realmente la recuperación del placer de vivir por medio de la experiencia estética y del conocimiento. Por ello, la literatura está en el centro de la pasión.

Vivir plenamente no es para el personaje Keating nada parecido al placer sin significado, o a la diversión irresponsable. Por el contrario, de alguna forma queda implícito que la experiencia de vivir intensamente supone también hacerse cargo de la propia responsabilidad. Se trata, pues, de valorar las pequeñas cosas, de reconocer en ellas la belleza, y de no olvidar que es ese el propósito de la vida: apreciar, valorar, aprovechar el día, carpe diem.

Con información e imagen de Cultura genial.