Un joven inventor de Kenia ha diseñado una silla de ruedas lo suficientemente resistente como para soportar el terreno más escabroso del país.

Y como un entusiasta ambientalista, Lincoln Wamae fabrica las sillas llamadas Linccel con todas las piezas recicladas y los motores eléctricos importados de China.

Compra viejas baterías de portátiles, las agrupa y arregla en su taller según el voltaje, y logra que sean lo suficientemente fiables para mantener la silla alimentada hasta 70 kilómetros. Incluso los asientos se obtienen de sillas de oficina usadas.

Una silla de ruedas Linccel ha transformado la vida de Maryann Wanjiru, paralizada desde que tenía ocho años después de que un pariente la golpeara brutalmente y dañara su columna vertebral.

A Lincoln le cuesta unos 250 dólares fabricar una de éstas sillas y las vende por unos 300 dólares.

Publimetro.