El 23 de enero de 1954 el escritor estadounidense Ernest Hemingway vivió una historia increíble -dentro de sus tantas anécdotas fabulosas e inimaginables-.

Como regalo de Navidad a Mary (su esposa en ese momento), Hemingway había contratado un vuelo turístico sobre Congo belga. En camino a fotografiar las cascadas Murchison desde el aire, el avión chocó contra un poste de electricidad que se encontraba abandonado, por lo que se tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia en la densa maleza.

Como consecuencia, Hemingway se golpeó la cabeza y su esposa se fracturó dos costillas.

Al día siguiente, con el objetivo de llegar hasta donde estaban los médicos que necesitaban para ser tratados de las heridas de este primer accidente de avión, los Hemingway tomaron otro vuelo; sin embargo, durante la maniobra de despegue el avión explotó y las consecuencias de este segundo accidente en días consecutivos fueron mucho peores que el primero.

Lamentablemente Hemingway sufrió quemaduras y otro golpe en la cabeza, esta vez mucho más serio, un golpe que llegó a afectarle el cerebro.

Finalmente llegaron en Entebbe, donde se dieron cuenta de que los periodistas estaban cubriendo ya la trágica historia de su muerte. Fue entonces cuando se le informó a los reporteros que el escritor había sobrevivido.

Hemingway pasó las siguientes semanas recuperándose y también leyendo sus obituarios prematuros. Después de los accidentes de avión, Hemingway, que había sido un alcohólico controlado durante gran parte de su vida, volvió a beber más de lo habitual para combatir el dolor de sus heridas.

Con información de Culturizando.