El hubiera sí existe : Cartel

En El hubiera sí existe, Elisa se ha convertido en un chica tímida, conservadora, dedicada a su empleo y evitando tener vida social. Entre su familia y su trabajo, la única persona con la que convive en su rutina es Carlos, a quien podría considerar su mejor amigo. Un día Elisa es visitada por su yo del futuro, quien le explica que el camino para retomar su vida y encontrar la felicidad es perder el miedo en el trabajo y dejarse encontrar por el amor. Ambas traman un plan para reducir la timidez de la chica y encontrar el momento oportuno para superar todos sus miedos. Aquellos que la rodean están totalmente sorprendidos por la nueva actitud de la chica y, además, por su creciente romance con un colega de su empresa. Aunque parece que Elisa tiene todo resuelto, pronto vuelve a recibir una visita de su yo de un futuro diferente, quien ahora le asegura que su vida depende de tomar una decisión radical que ni en sueños hubiera imaginado, ¿qué es lo que la chica hará con esta información?

El hubiera sí existe es una comedia romántica dirigida por Luis Eduardo Reyes (Una mujer sin filtro) y protagonizada por una de las reinas de la comedia romántica mexicana: Ana Serradilla, quien está acompañada por Christopher von Uckermann, José Carlos Femat y la primera actriz Ofelia Medina. En la trama de la película el tiempo es el factor central del que dependen las acciones de los personajes. La negación real de la famosa frase “el hubiera no existe” aquí se vuelve una fábula de ciencia ficción, con dosis de drama y mucha comedia.

La historia se centra en Elisa (Serradilla), una mujer que trabaja en una empresa de filtros de agua y que va por la vida en automático, cuida a sus padres y le gusta Roberto (Femat), uno de sus compañeros de la empresa. Su vida da un vuelco cuando un día se encuentra con una mujer años mayor quien dice ser ella en su versión futura. Su objetivo es prevenirla de decisiones que pueden afectar su destino.

La premisa, si bien no suena original, tiene toques interesantes, especialmente porque en el cine mexicano la ciencia ficción no es un género que se aborde comúnmente y menos mezclándolo con la comedia romántica. A la mente se nos vienen inmediatamente películas con esta temática como El efecto mariposa, en la que Ashton Kutcher viaja en el tiempo para transformar los eventos de sus seres queridos. Te amaré por siempre es otro ejercicio en el que Eric Bana se transportaba sin razón alguna tanto al pasado como al futuro para conocer al amor de su vida interpretada por Rachel McAdams. Justamente hablando de esta última, protagonizó una joya titulada Cuestión de tiempo, en la que su pareja romántica (Domhnall Gleeson) tenía la habilidad heredada de su familia para ir al pasado con el fin de mejorar su presente.

Luis Eduardo Reyes, quien ha dirigido éxitos taquilleros como Loca por el trabajoCómplices o Una mujer sin filtro, seguramente tomó como referencia alguno de los ejemplos mencionados. Aun así su ejecución no fue la adecuada y el resultado es un tanto ramplón y superficial. Es justo el asunto del tiempo que tanto Reyes como Adriana Pelusi no repararon en sentar las bases del hibrido como tal.

La parte romántica no es complicada y vaya que el director la ha probado en sus anteriores comedias acertadamente. Juntó a un elenco ecléctico, siendo Claudia Ramírez quien sobresale como la madre hippie y buena onda de Elisa. Otro acierto, es la pareja principal conformada por Serradilla y Uckermann, quienes tienen química y se refleja en pantalla. Ambos funcionan y eso hace que la audiencia sea permisiva y les compre el producto.

La parte de la ciencia ficción es fallida; se agradece la intención, pero no funciona. Este futuro utópico en el que los humanos tienen la libertad para viajar al pasado no es creíble y sólo son viñetas mal escritas para que, a capricho de ellas, los protagonistas se alejen y acerquen a conveniencia del guion para que la vuelta de tuerca del final sea tremendamente tramposa y chapucera.

El hubiera sí existe queda en buenas intenciones; con cierta esperanza el futuro del cine mexicano mejore, o de lo contrario, que alguien de aquel tiempo venga para hacérnoslo saber y empiecen a cambiar las cosas, porque aquí algo queda claro: el hubiera no existe ni tantito.

FUENTE:SENSACINE